Comprar una vivienda es una de las operaciones económicas y jurídicas más relevantes para las personas. No solo implica una fuerte inversión económica, sino que también conlleva decisiones que, si no se toman correctamente, pueden tener consecuencias legales y financieras importantes. En este escenario, contar con un asesor inmobiliario cualificado no es un gasto extra, sino una inversión en seguridad jurídica y en tranquilidad.

El papel del asesor inmobiliario

Cuando se habla de asesor inmobiliario, muchas personas piensan únicamente en alguien que organiza visitas y negocia el precio. Sin embargo, un verdadero profesional del sector realiza un trabajo mucho más amplio: analiza la situación jurídica del inmueble, verifica que no haya cargas, embargos o hipotecas ocultas y revisa la documentación para garantizar que la compraventa se ajuste a la legalidad vigente.

De hecho, el Código Civil (CC), en su artículo 1.255, establece que los contratos pueden ser objeto de los pactos y condiciones que las partes consideren oportunos, siempre que no sean contrarios a la ley, la moral o el orden público. Esto significa que el margen de negociación es amplio, pero también que es necesario asegurarse de que cada cláusula se ajusta a derecho y protege los intereses del comprador.

Un asesor inmobiliario con conocimientos jurídicos actúa como filtro: revisa que las condiciones pactadas no vulneren la normativa y que las cargas u obligaciones que asume el comprador sean claras y asumibles.

Comprobación de la situación registral y catastral de la vivienda

Uno de los errores más comunes en la compra de una vivienda es no comprobar con detalle la información registral y catastral. 

El Registro de la Propiedad, regulado por la Ley Hipotecaria y su Reglamento, ofrece datos esenciales: quién es el titular, qué cargas pesan sobre el inmueble, si existen servidumbres o limitaciones de uso, etc.

Un asesor inmobiliario no se limita a solicitar una nota simple, sino que interpreta la información. Por ejemplo, puede detectar que la vivienda tiene una hipoteca pendiente, que existe un embargo preventivo o que el uso del inmueble está limitado por una servidumbre de paso. 

De igual manera, contrasta los datos con el Catastro, regulado por el Texto Refundido de la Ley del Catastro Inmobiliario (Real Decreto Legislativo 1/2004), para confirmar que la superficie, linderos y uso coinciden con la realidad. Un ejemplo: si en el Catastro consta una superficie construida menor que la real, podría ser indicio de una ampliación sin licencia. 

Si la vivienda está en régimen de propiedad horizontal, se solicita el certificado de deuda cero. Esto evita heredar derramas aprobadas o litigios en curso, teniendo en cuenta que la comunidad tiene preferencia de cobro por la anualidad corriente y las tres anteriores.

Por último, se comprueban justificantes del IBI y de suministros. Aunque el deudor sea el vendedor, el inmueble puede quedar afecto a determinadas deudas tributarias locales (Real Decreto Legislativo 2/2004, TRLRHL). Pactarlo en contrato evita sorpresas.

Legalidad urbanística y estado técnico de la vivienda

Otro de los puntos donde un asesor inmobiliario marca la diferencia es en la detección de posibles incumplimientos urbanísticos. El asesor confirma la existencia de la licencia de primera ocupación o cédula de habitabilidad, el certificado de eficiencia energética (obligatorio según Real Decreto 390/2021) y, si procede, los informes ITE o IEE exigidos por el ayuntamiento.

Las competencias urbanísticas recaen en los ayuntamientos, de acuerdo con la Ley de Suelo y Rehabilitación Urbana (Real Decreto Legislativo 7/2015). Si una vivienda tiene construcciones ilegales o reformas sin licencia, el comprador puede heredar el problema y verse obligado a legalizar la situación o demoler lo construido.

El asesor verifica las licencias de obra y de primera ocupación, así como el cumplimiento del planeamiento urbanístico municipal. Esto es clave en viviendas situadas en suelo no urbanizable, en zonas protegidas o en comunidades de propietarios donde se han realizado obras sin autorización.

Negociación del precio y condiciones de pago con respaldo legal

La negociación de una vivienda no es solo cuestión de bajar el precio. También se trata de acordar condiciones de pago, entrega de arras, plazos para la firma de la escritura pública y posibles penalizaciones por incumplimiento. La Ley 50/1980, de Contrato de Seguro, aunque ajena a la compraventa, ilustra bien cómo en cualquier contrato las condiciones deben ser claras y equilibradas para evitar interpretaciones conflictivas.

En el caso de las arras (penitenciales, confirmatorias o penales), su regulación se encuentra en el artículo 1.454 del CC. Un asesor inmobiliario sabrá redactarlas y explicarlas para que el comprador entienda si, en caso de desistir, perderá la señal o si podrá reclamar el doble en caso de incumplimiento del vendedor.

Por ejemplo, si se firma un contrato de arras penitenciales y el comprador decide no continuar con la operación, perderá la cantidad entregada. Pero si es el vendedor quien incumple, deberá devolver el doble. Sin un asesor que explique esta diferencia, se pueden generar falsas expectativas.

Coordinación con notaría y registro

El momento de la firma en notaría es clave, ya que la compraventa se formaliza mediante escritura pública, conforme a lo previsto en el artículo 1.280 del CC. Un asesor inmobiliario acompaña al comprador en esta fase, asegurándose de que la escritura recoge exactamente lo pactado y que se incorporan todos los anexos y documentos necesarios.

Seguridad frente a cláusulas abusivas

En operaciones en las que intervienen entidades financieras, como cuando el comprador solicita una hipoteca, pueden aparecer cláusulas contractuales que vulneren la normativa de consumo. La Ley 5/2019, reguladora de los contratos de crédito inmobiliario, establece obligaciones de transparencia para las entidades prestamistas y protege al consumidor frente a condiciones abusivas.

Un asesor inmobiliario revisa la oferta vinculante y la escritura de préstamo hipotecario para detectar, por ejemplo, intereses de demora excesivos, cláusulas suelo no declaradas o gastos hipotecarios mal distribuidos.

Valor añadido en la planificación fiscal

La compra de una vivienda conlleva impuestos que varían según se trate de una vivienda nueva o usada. En la primera, el comprador debe abonar el IVA y el impuesto de Actos Jurídicos Documentados (AJD), mientras que en la segunda se paga el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP). Un asesor inmobiliario calcula el impacto fiscal y orienta sobre posibles beneficios.

 

En conclusión, contar con un asesor inmobiliario en la compra de una vivienda es mucho más que una ayuda: es la garantía de que cada paso del proceso se desarrolla con seguridad jurídica, evitando riesgos y asegurando que la inversión esté protegida. Desde la revisión de la documentación hasta la coordinación con notarios y registradores, pasando por la detección de problemas urbanísticos o fiscales, este profesional actúa como un escudo para el comprador.

En definitiva, en un mercado donde los errores pueden costar miles de euros y años de litigios, invertir en asesoramiento inmobiliario es apostar por la tranquilidad y por una compra sin sobresaltos.

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